La Justicia, o es independiente y ágil, o no es justicia

La pobre valoración que los españoles tienen de sus instituciones, de forma por desgracia justificada en muchas ocasiones, ha alcanzado también al ámbito judicial: La intromisión de la política en los tribunales, los jueces estrella, la lentitud agónica de los procesos… hay graves problemas que reclaman medidas valientes, que permitan recuperar a los ciudadanos la confianza en nuestro sistema judicial.

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“Justicia precaria” por P.W. para Qveremos

 

Identifiquemos los problemas

  1. Falta de independencia: Los jueces y tribunales han de ser independientes tanto frente a los demás poderes públicos, como frente a los titulares de intereses privados especialmente poderosos o influyentes. Desgraciadamente, aunque tanto la Constitución como la Ley Orgánica del Poder Judicial proclaman con solemnidad dicha independencia judicial, los otros poderes del Estado, y a través de ellos los partidos políticos, han colonizado el poder judicial:
    1. Se reparten los puestos en el Consejo General del Poder Judicial a través de un sistema de cuotas manifiestamente contrario al espíritu de la Constitución.
    2. Se han convertido las asociaciones judiciales en sucursales de los principales partidos políticos.
    3. Se promueve de forma grosera a jueces y magistrados afines y dóciles, mientras se posterga a los no afiliados ni politizados (a los que se llega a perseguir cuando desafían al poder político).
  2. Falta de preparación profesional: Abundan en exceso los jueces sustitutos, los magistrados suplentes, los incorporados a la carrera judicial por el turno de juristas de reconocida competencia. Lógicamente, cuando la política se infiltra en el sistema, entre estos últimos suele primar más la ideología que la preparación profesional.
  3. Leyes procesales ineficientes: La vejez de algunas leyes procesales españolas hace que sea prácticamente imposible administrar justicia, conciliando los derechos y garantías de los ciudadanos con la necesaria agilidad de los procesos. Con demasiada frecuencia estos se alargan por años y años: un proceso interminable lo único que garantiza es que la situación de injusticia perviva por mucho tiempo.
  4. Falta de medios: La falta de medios es patente para cualquiera que haya frecuentado un juzgado en España en la última década. Nuestros jueces están dotados de medios tercermundistas, a los que lamentablemente nos hemos acostumbrado.

Todos estos problemas hacen que la justicia española, a pesar del trabajo abnegado de la mayor parte de jueces, fiscales y otros profesionales del derecho, no cumpla con su misión de controlar a los demás poderes públicos, perseguir la corrupción, y ser garante de la seguridad jurídica.

Qué qveremos hacer para cambiar la situación

  1. Cambiar la forma de designación de los magistrados del Tribunal Supremo y de los vocales del Consejo General del Poder Judicial: Hay que recuperar el sistema, deliberadamente liquidado por los distintos gobiernos, por el que sus integrantes son elegidos por los propios jueces y magistrados.
  2. Hacer que el criterio prioritario de acceso a las carreras de jueces y fiscales sea la adecuada formación profesional: Es necesario reducir el acceso por la vía de “juristas de reconocida competencia”, y reforzar las oposiciones a estos cuerpos. La formación y evaluación continuada es otro campo de mejora que hay que implementar.
  3. Impedir el abuso de poder por parte de jueces y magistrados, vinculando su trabajo de forma real al mandato de la ley: La figura del juez estrella debe desaparecer.
  4. Perseguir las filtracionesde los procesos judiciales en marcha: Se trata de conductas muy frecuentes, que implican un descrédito grande para la institución, y que menoscaban la eficiencia de los procesos. Actualmente quedan impunes, cosa inimaginable en otros países.
  5. Garantizar el acceso a la justiciade todos los ciudadanos en condiciones de igualdad y sin costes injustificados.
  6. Financiar la modernización de los sistemas de gestión, y asegurar una retribución digna a los miembros del poder judicial.
Una justicia real, independiente y ágil, es un elemento esencial para el desarrollo de un país. Qveremos apostar por la Justicia española, evitando que la desidia o los intereses partidistas sigan erosionando su calidad, en detrimento de los ciudadanos.

 

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