NO HAY NIÑOS EN LOS PORTALES
- Posted by Qveremos
- On 19th diciembre 2025
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Encaramos, un año más, la recta final de la Navidad con el último domingo de Adviento y, pocos días después, la Nochebuena y el día de Navidad. Un año más, constatamos el declive –lento al principio, pero cada vez más acelerado– de muchas de las realidades humanas que participan del misterio de la Navidad.
El declive de la natalidad en Occidente en general, y en España en particular, parece difícilmente reversible. Apenas un hijo por mujer: de cuna vacía en cuna vacía nos encaminamos a la irrelevancia geoestratégica y al colapso económico. En un país donde el número de perros supera al de niños, hemos desahuciado al Niño del centro del portal para que el buey y la mula ocupen su lugar. El portal mutado en santuario animalista donde están prohibidos los juegos de pelota y saltar a la comba.
La pérdida cultural no es menos acuciante. Las Fiestas se convirtieron primero en fiestas mediante la secularización y la postergación del elemento central religioso en favor de los aspectos civiles. De un descanso al servicio del Domingo, hemos pasado a “festivos” y permisos laborales que se anclan a cualquier excusa con tal de no cumplir el mandamiento: cultivar y guardar el Edén. Ahora, incluso las fiestas cuyo carácter religioso es evidente hasta en el nombre quedan ocultas bajo eufemismos de corrección política y alergia a lo divino. El portal convertido en chiringuito con barra libre y personal precario.
La fractura social de un pueblo cada vez más dividido, enfrentado irreconciliablemente y encastillado en el miedo, el odio y el desprecio al otro, es, quizá, uno de los problemas más visibles. Resulta imposible guiar un país hacia el bien si cada grupúsculo se atomiza cada vez más y se encierra en burbujas mediáticas y digitales. Los portales rodeados de fosos, rastrillos y cámaras de videovigilancia, con alarma con aviso inmediato a la policía.
Y, sin embargo, no todo está perdido. Las estadísticas y los testimonios parecen indicar que los españoles tenemos menos hijos de los que querríamos. No es aversión a los niños, sino a la precariedad económica. Un problema más coyuntural y resoluble (nadie dice que con facilidad). Cada vez son más los que intentan redescubrir el sentido original de las fiestas, sean las grandes, o las locales, y quizá la búsqueda de las raíces nos lleve a encontrar la raíz última, la de Jesé. La conciencia de la división social es cada vez mayor, hasta el punto de que incluso los anuncios navideños, siempre atentos a cuál es la fibra sensible del momento, invitan a superar los enfrentamientos.
A quienes estaban en tinieblas, una Luz les brilló. No renunciemos a la esperanza en este último tramo del Adviento y preparémonos: pidamos al Niño que nos ayude a abrir los portales para acoger a los niños que han de venir.
Foto Nacho Pardo

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