Terrorismo y política migratoria

Terrorismo y política migratoria

  • Islam, islamofobia, terrorismo, valores occidentales

Los terribles atentados terroristas de Barcelona y Cambrils han vuelto suscitar el debate en la sociedad española: ¿debemos aceptar como normal que haya en Europa grandes comunidades musulmanas no integradas en la sociedad occidental y que no comparten nuestro sistema de valores?

El terrorismo es la manifestación más abyecta del odio y del resentimiento, y puede excusarse en multitud de motivaciones, en este caso la religión. Pero, partiendo de la premisa de que una mayoría de la población musulmana rechaza el terrorismo, no es menos cierto que el Islam no es tan solo una religión, sino que se desarrolla desde su comienzo como un sistema político.

Un sistema político con sus propias normas legales para regular todos los aspectos de la vida -la Sharia (que prevé por ejemplo la lapidación de las mujeres adulteras, o el castigo con la muerte para aquellos que abandonen el Islam)-, y costumbres no compatibles con nuestros valores, como la ablación del clítoris o el velo integral para las mujeres. Y además es un proyecto político que busca siempre expandirse, de lo que se encarga la financiación de Arabia Saudi y Catar, los países sunitas más radicales en la interpretación y aplicación del Islam.

Así, el Islam, en su estadio actual, es una cultura excluyente (ver informe del Pew Research Center*): el apoyo popular a la aplicación directa de la Sharia es mayoritario en el mundo musulmán; y las cifras de aquellos que justifican los ataques terroristas  alcanzan niveles aterradores (en Egipto, el país de mayor población musulmana en Oriente Medio, una de cada tres personas justifica el terrorismo; y en Turquía, que es el país más avanzado y laico entre los musulmanes, lo hace un 15% de la población).

Partiendo de esta realidad –y no de un buenismo vaporoso- debemos cuestionarnos si la integración es posible. No es este un problema de “islamofobia como algunos pretenden presentarlo, sino de si Occidente debe tolerar en su seno culturas que se le oponen, y que son incompatibles con la libertad fundamentada en la dignidad de la persona.

Es en definitiva un debate sobre valores: nuestros valores –esencialmente cristianos- son mejores que los suyos, porque el respeto a la dignidad de la mujer o la libertad de conciencia son valores no negociables. Y por ello no debemos aceptar con normalidad que coexistan en el seno de nuestra sociedad comunidades inmigrantes que no sólo no los respetan, sino que se oponen frontalmente a ellos.

No debemos ser ciegos ante el sufrimiento de aquellos que huyen de la guerra o que sencillamente buscan mejorar su calidad de vida. Pero, al tiempo que les prestamos nuestro apoyo, debemos plantearnos la cuestión: ¿tiene sentido seguir acogiendo nuevos inmigrantes de países musulmanes, así como facilitarles el acceso a la nacionalidad? ¿Es el multiculturalismo bueno para una sociedad? ¿O es semilla de conflictos actuales y futuros?

Los gobiernos de Europa han pecado de un buenismo acomplejado. Es urgente rectificar el rumbo. Estas serían algunas de las políticas que los gobiernos de Occidente deberían poner en marcha respecto a:

  • Los refugiados: el deber para con los refugiados debe consistir en asistirlos en las mismas fronteras de sus países de origen, al tiempo que militarmente se trabaja activamente en la derrota de los grupos terroristas que generan los conflictos. La política de puertas abiertas es un coladero que genera conflictos dentro de nuestras propias fronteras.
  • La radicalización: i) Es imprescindible impedir la financiación de Arabia Saudí y Catar (entre otros) para la radicalización de las poblaciones musulmanas en Occidente. ii) Hay que redoblar la presión a los países musulmanes para que respeten los derechos humanos, incluyendo la libertad de conciencia. No deberíamos tratar con normalidad a países como Arabia Saudí. iii) Debemos exigir a los líderes musulmanes en  todo el mundo, especialmente en Occidente, posturas inequívocas de condena del terrorismo y respeto a los valores occidentales. Los imanes radicales deben ser expulsados y los centros de culto desde los que se imparten doctrinas liberticidas, cerrados.
  • Las poblaciones musulmanas en países occidentales: hay que acabar con el efecto llamada que las ayudas sociales generan entre los inmigrantes, así como limitar el acceso a la residencia y a la nacionalidad. Si no desean integrarse no deberían estar aquí.

El islamismo es uno de los grandes retos de nuestro siglo. Aquellos que pretenden una alianza de civilizaciones son ciegos ante lo que es un verdadero conflicto cultural y religioso, que hay que afrontar desde la solidez de nuestras convicciones en aras de facilitar los cambios internos que el Islam debe hacer.

* En 2013 el think tank americano Pew Research Center (http://www.pewforum.org/) publicó los resultados de una gran encuesta a nivel global, en la que se recoge qué piensan los musulmanes de diferentes países sobre un gran número de cuestiones, desde la aplicación de determinados preceptos de la sharia, hasta el apoyo a los ataques terroristas. Los emigrantes en países occidentales replican en gran modo las opiniones de sus países de origen.

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