Relativismo y libertad

Relativismo y libertad

  • posverdad, Relativismo, totalitarismo

Si hay un intelectual que ha denunciado los peligros del relativismo, lo ha señalado como una de las principales raíces de la crisis de Occidente, y ha dado aviso del totalitarismo que de él resulta, la Dictadura del relativismo, éste ha sido Joseph Ratzinger.  Luego periodistas, filósofos, profesores universitarios, políticos y fundaciones como Valores y Sociedad han recogido el testigo y han continuado la tarea abierta por el predecesor del Papa Francisco.  Cuanto vamos a exponer ahora hay que situarlo en esta estela, dado que proponemos de algún modo evidenciar la tesis anterior echando mano del pensamiento de Romano Guardini (1885-1968), por cierto, intelectual italo-alemán muy querido de Raztinger. La conferencia pronunciada por Guardini el 19 de julio de 1960 que lleva por título Libertad. Discurso conmemorativo, (publicada en el volumen Preocupación por el hombre, Editorial Guadarrama, Madrid, 1965, pp. 127-142) puede ser de gran ayuda para evidenciar como el relativismo ataca los fundamentos mismos de la libertad.

Allí escribe Guardini entre otras cosas que la libertad es una tarea,  no algo que podemos dar por descontado, pues no se realiza de manera espontánea, sino que de algún modo es un deber impuesto al individuo singular y a la sociedad como totalidad. ¿Por qué? Porque la libertad exige convicción, es decir, asumir valores, principios o virtudes y actuar conforme a estos.

Intentemos explicarlo con algunos hechos. Por ejemplo, el derecho al matrimonio, es decir, a que el individuo se case con quien desee a la luz de los dictados de su corazón y de su conciencia, está sostenido por la virtud o el valor de la fidelidad. Ésta protege, sostiene y defiende el derecho de elección. Nos parecería incongruente que este derecho garantizara la posibilidad de abandonar al día siguiente, semanas o meses al consorte por la secretaria o por el compañero de trabajo. Todo derecho tiene la contrapartida en obligaciones y deberes y en el caso que estamos hablando estas se sustancian en la fidelidad.

Pensemos ahora en el ámbito de la educación, concretamente en el derecho al acceso a una formación universitaria. A quién pide entrar en la universidad y que se le financien sus estudios se le exige un mínimo de aprovechamiento académico. Este derecho, pues, está sostenido también por una virtud, valor o principio: el estudio. Exigir el acceso gratuito a la institución universitaria para no acudir a clase, no trabajar seriamente en la preparación profesional, etc., es un sinsentido.

Un último ejemplo referido al ámbito laboral. Me refiero, al derecho a elegir y a ejercer profesionalmente la tarea a la que me siento llamado. Este derecho presupone que la profesión no es simplemente un medio de enriquecimiento personal, sino el lugar donde sirvo a la sociedad y contribuyo de manera única e irrepetible, porque soy persona, al bien común. Este derecho se sostiene cuando hay un deseo y un esfuerzo sincero por el trabajo bien hecho.

Todo derecho pues, está ligado a una virtud, un principio o una convicción. De ahí que Guardini diga “La libertad no es el derecho a la despreocupación ni a la arbitrariedad en la opinión, sino que descansa en una relación auténtica con la verdad”. Y matiza en relación a la verdad “que haya una conciencia de que existe la verdad, un deseo de encontrarla y un empeño en defender lo reconocido”. El relativismo, es precisamente, la opción contraria. La verdad no existe, tampoco los principios y mucho menos los valores que sostienen los derechos. El único criterio a la luz del cual actúa el individuo es el personal que puede cambiar a la luz de las  de las circunstancias sociales, políticas, históricas o intereses meramente personales. Y ésta es precisamente la situación que caracteriza nuestra sociedad. No hay nada firme, todo es circunstancial, y por lo tanto efímero a la situación, al sujeto, etc. Todo ello parecería inocuo para el hombre y para nuestra nación, sin embargo, Guardini dice que es la circunstancia perfecta para la aparición del totalitarismo. Él, que vivió los 12 años del dominio nazi escribe “Se habla mucho de la amenaza totalitaria, pero ningún proceso ocurre partiendo de un solo lado. La coerción totalitaria sobre el matrimonio sólo se hace posible cuando el portador vivo de la libertad, el hombre responsable, ha perdido hace mucho el deseo de comunidad de fidelidad, de vinculación familiar, de configuración viva de la casa”. Sólo cuando el individuo es débil, porque no vive las virtudes que sustentan sus derechos, puede el Estado intervenir e imponerle unas leyes que cercenen o vayan en contra de su libertad y su dignidad. La situación actual en la vieja Europa, es  desgraciadamente ésta. “Todo derecho descansa en un valor que lo fundamente y lo protege. Si ese valor- en el caso de nuestras consideraciones, la libertad para la convicción propia, para la profesión, para la familia- ya no se percibe, ni se desea, entonces pierde su credibilidad.”

Así pues, podemos concluir que el relativismo, como potenciador del totalitarismo, debilita enormemente a la democracia dado que como forma de gobierno “es la más exigente, y por lo mismo, la más amenazada de todas las formas de ordenación política”. Exige de los ciudadanos responsabilidad en los asuntos del bien común, vigilancia en los derechos de todos y cada uno, información, interés, es decir, es una tarea que implica virtud y compromiso. Volver a una democracia consistente, es decir, a vivir en una comunidad libre y por lo tanto responsable, exige salir del relativismo, comprometerse con los valores y principios que sostienen nuestros derechos, y abordar con empeño la responsabilidad la tarea de ser libre. De lo contrario, el totalitarismo en alguna de sus múltiples formas, no tardará en hacer su aparición.

Rafael Fayos

Doctor en filosofía y vicepresidente de la Asociación Española de Personalismo.

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