Política migratoria, no gestos mediáticos

Política migratoria, no gestos mediáticos

  • Posted by Qveremos
  • On 11th septiembre 2018
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  • Aquiarius, Inmigración, Integración inmigrantes, mafias

Con la llegada de Pedro Sánchez al gobierno la cuestión migratoria ha vuelto al primer plano de la actualidad. Un primer plano que no se aprovecha para plantear un debate serio y riguroso sobre la cuestión, o para concienciar a la sociedad sobre su relevancia hoy, sino para instrumentalizarla con fines políticos, planteando la inmigración como una confrontación entrepartidarios de una sociedad abierta y xenófobos.

La cuestión migratoria no es algo exclusivo del siglo XXI, pero sí tiene algunas notas especiales: i) Hoy se da un clara diferencia cultural y religiosa entre las personas inmigrantes y la sociedad que las acoge. ii) Las sociedades receptoras, en especial las naciones europeas, son sociedades poco dinámicas y con clara pérdida de su identidad. iii) La globalización permite un incremento exponencial del número de personas que se desplazan de una nación a otra. Todas estas notas exigen un mayor esfuerzo y rigor en la gestión de la inmigración porque la hacen potencialmente más dañina para las sociedades receptoras y para las personas inmigrantes.

Por eso duele tanto que se banalice esta cuestión, cuando lo que está en juego es el bienestar de las personas inmigrantes y de las personas de la sociedad que acoge.

Cuestión migratoria: ¿humanitarismo vs. intolerancia?

Gestos como los que viene realizando el nuevo Presidente del Gobierno parecen querer centrar el debate de la cuestión migratoria entre dos posiciones: una humanitaria (los “buenos”) – la de aquellos que defienden las “fronteras abiertas” priorizando los derechos de los que vienen – y una intolerante (los “malos”) – la de aquellos que defienden una inmigración controlada atendiendo a los derechos de las personas de las sociedades de acogida -. Este debate, además de simplista, es falso.

La cuestión migratoria es fundamentalmente una cuestión humanitaria en la que entran en juego dos derechos:

  • El derecho de toda persona a buscar una forma de vida mejor.
  • El derecho de toda persona y sociedad (y la obligación) a proteger la convivencia social y lo ganado con su esfuerzo personal y colectivo.

Dos derechos que conllevan sus correspondientes deberes. Ninguna persona tiene derecho a entrar en una sociedad de cualquier manera y forma y sólo para pedir y no aportar (deberes de cooperación e integración en la sociedad de acogida); del mismo modo que ninguna sociedad tiene derecho a blindarse frente a terceros ni a evitar compartir – en condiciones de justicia – los logros obtenidos (deber de acogida).

Estamos ante dos derechos que no son absolutos. Por eso, la gestión de cuestión migratoria debe regirse principalmente por el principio de hacer compatible el ejercicio de estos dos derechos y deberes frente a la tentación de querer imponer injustamente un derecho a costa del otro.

No todas las causas de migración son iguales

Partiendo de la base de que la dignidad de todas las personas es la misma, y que por lo tanto toda persona debe ser tratada en base a esa dignidad, es importante tener en cuenta que no todos los tipos de inmigración son iguales, debido a que las causas de la inmigración son múltiples.

Así, estas causas van desde el legítimo deseo de buscar una vida mejor, hasta la necesidad de escapar de una situación de pobreza o necesidad extrema; desde la urgencia de abandonar una nación en guerra, hasta la obligación de abandonar la nación para salvar la vida o la libertad fruto de persecuciones o violencias.

Esta diferencia provoca que el derecho internacional diferencie entre:

  • Refugiados: aquellos que abandonan su nación para preservar su libertad o vida.
  • Inmigrantes: aquellos que por iniciativa propia buscan una vida mejor.

Esta distinción es clave dado que la responsabilidad de la sociedad de acogida respecto de refugiados o inmigrantes varía notablemente. Ante un refugiado, cuya vida o libertad están en riesgo, que solicita asilo la sociedad de acogida está obligada a la acogida salvo causas de extrema gravedad. Por el contrario, ante un inmigrante el deber de acogida se reduce mucho y debe valorarse siempre en relación con el bien de la sociedad que acoge, teniendo en cuenta la capacidad de la sociedad de acogida de (a) facilitar una vida digna a los inmigrantes, y (b) garantizar la seguridad y la vida en libertad de los propios nacionales y residentes en el propio país, a un precio razonable y en una condiciones adecuadas para la sociedad en la que se encuentran. 

No todas las formas de migración son iguales

Con carácter general, la migración es un gran reto para la persona que la realiza, un verdadero drama en muchas ocasiones. Toda persona, como primera opción vital, quiere desarrollar su vida allí donde nace, donde tiene su arraigo, su familia, su cultura, etc. Desgraciadamente, eso no siempre es posible, y muchas personas optan o se ven obligadas a abandonar su lugar de origen, con las dificultades que ello conlleva, sobre todo cuando la migración se produce sin un trabajo remunerado y de calidad.

Este proceso se puede realizar de forma legal, respetando las leyes del país de acogida, o ilegal, sin atenderse a la legalidad establecida. Y las consecuencias de uno y otro no son baladíes ni para las personas inmigrantes ni para las personas y sociedades que acogen.

La inmigración legal permite:

  • garantizar los derechos las personas inmigrantes en la medida que gozan de protección legal desde su llegada,
  • facilitar la integración de las personas inmigrantes,
  • monitorizar el cumplimiento de las obligaciones y responsabilidades de las personas inmigrantes con la sociedad que les acoge,
  • garantizar los derechos de las personas de la sociedad de acogida al poderse estructurar y ordenar la inmigración en función de las necesidades y posibilidades reales.

Por el contrario, la inmigración ilegal:

  • favorece el abuso hacia las personas inmigrantes (trabajos sin contrato, salarios en negro, no cotización a la Seguridad Social, imposibilidad legal de hacer valer sus derechos, …)
  • dificulta, cuando no impide, la integración de las personas inmigrantes,
  • favorece la aparición de mafias y el tráfico de personas,
  • perjudica seriamente la convivencia en las sociedades de acogida,
  • genera una visión negativa hacia las personas inmigrantes.

La lucha contra la inmigración ilegal y el cumplimiento de la ley es muy frecuente en las sociedades de nuestro entorno, que tratan de preservar el orden establecido, garantizando unas mínimas condiciones de vida a nacionales, residentes e inmigrantes. Así, en todas las sociedades se establecen mecanismos para el control de la inmigración: la devolución de inmigrantes ilegales a sus países, la restricción de determinados derechos o la imposibilidad de acceder a ciertos servicios sociales, entre otros.

En este contexto, la ocultación de la nacionalidad de las personas inmigrantes ilegales es instrumentalizada por parte de las naciones de origen y tránsito como elemento de presión y negociación hacia las naciones que acogen. Es necesario acabar con esta práctica porque, además de incentivar la inmigración ilegal, es gravemente perjudicial para el bienestar y dignidad de las personas inmigrantes y de las personas que viven en las naciones que finalmente los acogen.

La cuestión migratoria: una oportunidad

La cuestión migratoria puede y debe ser una oportunidad. Una oportunidad para las personas inmigrantes porque alcanzan aquello que buscan, una vida mejor. Una oportunidad para las sociedades de acogida porque reciben personas dispuestas a apoyar y empujar el proyecto común, lo que redunda en su enriquecimiento y fortalecimiento. Una oportunidad que en el caso de España dada su crisis demográfica adquiere tintes de necesidad, que debe ayudar a la creación de riqueza y al crecimiento económico de nuestro país.

Que la cuestión migratoria sea una oportunidad y no una amenaza depende únicamente de cómo se gestione: se pueden hacer políticas oportunistas o políticas de largo plazo; se puede pensar únicamente en la foto (como en el caso del Aquiarius) o se puede gobernar poniendo el foco en la mejora de las condiciones de vida de los inmigrantes y de sus familias; se puede poner el foco en el multiculturalismo sin control, o en la integración de los nuevos residentes en los países de acogida; se puede, en definitiva, utilizar a los inmigrantes o tratarlos como personas adultas, con sus derechos y obligaciones.

En base a todo lo anterior, desde Qveremos abogamos por políticas de inmigración responsables, de largo plazo, basadas en derechos y deberes, respetuosas con los inmigrantes, pero también con las sociedades de acogida y sus residentes, por lo que apostamos por una gestión basada en las siguientes medidas:

  • Acudir al origen. La causa de la migración está fundamentalmente en la situación que viven las naciones emisoras. Es fundamental desarrollar planes de cooperación internacional al desarrollo que sean efectivos, para favorecer el desarrollo económico, social y político de las naciones emisoras. No se trata tanto de ayudar a la persona cuando se convierte en inmigrante, que normalmente no quiere serlo, como de ayudarle a que no tenga que serlo. Esta cooperación debería ser una de las prioridades de la política exterior de España.
  • Apuesta decidida por la inmigración legal, lo que exige:
  1. Desarrollar convenios bilaterales con las naciones emisoras para establecer procedimientos ágiles y seguros de solicitud de residencia en España.
  2. Distinción clara (no sólo teórica sino práctica) en los procesos de concesión de residencia o nacionalidad entre el refugiado que solicita asilo y la persona inmigrante.
  3. Facilitar la solicitud de la residencia en España, a aquellas personas que entrando legalmente en España – visado turista o temporal – han encontrado un trabajo y desean fijar su residencia en España.
  4. Facilitar la conexión entre el mercado de trabajo – oferente de empleo – y las naciones emisoras – cuyos nacionales demandan empleo – buscando facilitar que todo el que llegue venga con trabajo. En esta tarea la red de consulados y embajadas es un elemento clave.
  5. Diseñar procesos obligatorios de integración para las personas inmigrantes que llegan: enseñanza del español, conocimiento básico de sus obligaciones legales y de sus derechos, etc.
  6. Facilitar los procesos de reagrupación familiar una vez se ha confirmado la integración de la persona inmigrante.
  7. Aplicación rigurosa de procedimientos claros, seguros y ágiles de expulsión de personas inmigrantes con residencia legal que incumplen sus obligaciones legales o cometen delitos.
  8. Fronteras seguras que permitan ordenar el proceso. Una política de inmigración realmente diseñada para la acogida de las personas inmigrantes exige la existencia de fronteras seguras como primer instrumento de control del proceso y como garantía para los derechos de los inmigrantes.
  • Teniendo en cuenta que la inmigración ilegal supone siempre la pérdida de derechos de la persona inmigrante y de las personas de la sociedad que acoge, entendemos que no se puede ceder ante la inmigración ilegal, para lo cual se deben poner en marcha medidas como las siguientes:
  1. Dificultar la migración ilegal:
    • Lucha contra las mafias y traficantes de personas.
    • Acuerdos bilaterales y apoyo al desarrollo a las naciones de tránsito para impedir el paso ilegal de personas.
    • Fronteras impermeables a la inmigración ilegal.
  2. Agilizar los mecanismos de repatriación y la colaboración entres las naciones de origen, tránsito y destino:
    • Evitar la ocultación de la nacionalidad de origen como elemento de presión y negociación hacia las naciones de acogida:
    • Acuerdos bilaterales con las naciones emisoras para la repatriación de sus nacionales, bien porque llegan ilegalmente, bien porque siendo legales incumplen la legislación española. Estos acuerdos deben ir unidos a la cooperación internacional.
    • Desarrollar centros de acogida a nivel Unión Europea para las personas inmigrantes que llegan de forma ilegal buscando una mayor eficacia y cooperación en la lucha contra la lacra de la inmigración ilegal.
    • Desarrollar centros de acogida en las naciones de origen y de tránsito – con apoyo financiero de la Unión -. Estos centros garantizar una repatriación respetuosa con la dignidad de las personas detenidas.
  3. Máximo rigor en la gestión de la inmigración para evitar efectos llamada que incentiven la inmigración ilegal:
    • Establecer restricciones a la concesión de la tarjeta sanitaria universal, facilitando en todo caso la atención sanitaria de urgencia.
    • Negar, salvo situaciones extraordinarias, la acogida de aquella persona inmigrante que no llega por los cauces legales. Se debe saber que a España se puede venir, pero sólo por los cauces legales.
    • Ayuda a inmigrantes ilegales en la frontera en situación de extrema necesidad, sin que ello suponga la concesión de la residencia porque ello únicamente incentiva las mafias internacionales y tratas de personas. Por el contrario, se debería devolverlos a su nación de origen una vez resueltas las graves necesidades sanitarias o humanitarias que exigieron la actuación.
    • Establecimiento de un régimen sancionador severo para los empresarios que contraten personas inmigrantes ilegales, ya que no es lícito aprovecharse de la indefensión que produce la situación de ilegalidad de las personas inmigrantes.
  • Apuesta por la comunidad hispanoamericana. Si España debe apostar por la inmigración legal especialmente debe hacerlo por las personas oriundas de las naciones hermanas de Hispanoamérica. Estas personas por afinidad cultural, religiosa y lingüística han demostrado una capacidad de integración muy superior a cualquier otro colectivo, por lo que han contribuido en gran medida al enriquecimiento humano y económico de nuestro país en los últimos años
  • Fortalecimiento de la identidad nacional. No se puede integrar en la nada. Integrar exige un cuerpo receptor; exige saber quién es uno, qué busca, qué ofrece. Un pilar básico para el éxito en la gestión de la cuestión migratoria es el fortalecimiento de la identidad propia. Un fortalecimiento de identidad que no implica rechazo al diferente sino capacidad de asimilar al diferente desde la claridad del ser de uno mismo. Una identidad fuerte facilita ver la cuestión migratoria como una oportunidad y no como una amenaza al no estar en juego el ser de la sociedad que acoge.

Desde Qveremos apostamos por una España abierta, como siempre lo fue. Qveremos una España abierta a la cooperación y colaboración con las naciones emisoras. Qveremos una España generosa en la acogida a todas aquellas personas que quieran aportar a este gran proyecto común. Qveremos una España consciente de su responsabilidad hacia los españoles de hoy, que la han construido y que tienen derecho a ver cómo sus logros perduran en el tiempo y llegan a las generaciones venideras. Qveremos una España que haga del control de la inmigración la clave del éxito. Qveremos, en definitiva, un España solidaria con los que vienen y con los que están. 

 

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