No es Cataluña, ¡es España!

No es Cataluña, ¡es España!

  • Bildu, Cataluña, CUP, Independentismo, Podemos, Revolución

“¡Es la economía, estúpido!” Recordamos la célebre frase de James Carville, asesor de Bill Clinton en la campaña que le llevó a la Casa Blanca, superando a George Bush (padre). El republicano seguía cimentando su campaña en los éxitos de la política exterior estadounidense, como el fin de la Guerra Fría o la Guerra del Golfo, olvidándose de lo que de verdad preocupaba a los ciudadanos en ese momento.

Bajo esta premisa, la actualidad política española puede interpretarse en términos parecidos. Y en esta ocasión no se trata de la economía (aunque alguno en el Gobierno de la nación puede seguir creyéndolo así). Desde hace varios meses, pero especialmente en los últimos días, Cataluña ha sido el centro del debate por la intención de sus dirigentes de convertirse en un Estado independiente.

Ante dicha realidad, ha habido reacciones de todo tipo: a favor y en contra. Partidos políticos, asociaciones cívicas, sindicatos, empresas y hasta equipos de fútbol se han sumado a las iniciativas que se han puesto en marcha. Todas ellas con el objetivo de favorecer o impedir la independencia de Cataluña.

Pero, parafraseando al Sr. Carville, “el problema no es Cataluña, ¡es España!”. Cataluña no es un ente aislado, no es un problema puntual. Cataluña es hoy la punta de lanza de los que quieren destruir España. Lo que en su momento fue el País Vasco, lo que en el futuro serán las Islas Baleares, o Galicia, o Navarra, o incluso Andalucía, llegado el caso.

Para muchos de los que hoy apoyan la independencia de Cataluña, la República Catalana es lo de menos. Lo importante es acabar con España. Y no sólo como ente jurídico, si no sobre todo con sus valores, con su tradición y con su proyecto común. Con nuestra herencia cristiana, con el concepto de familia, con el sistema democrático surgido en el 78. Todo ello en nombre del hipotético y sentimental “derecho a decidir”, que no esconde sino la imposición de una ideología radical. Aquí encontramos la clave del extraño maridaje entre la extrema izquierda (nacional y local) y el independentismo. España no es “útil” para el proyecto social de la revolución. No es útil para la CUP, para Bildu, para ERC, para Podemos, las Mareas, para Zapatero o Sánchez.

Tras años de dejación, ahora más que nunca, es el momento de dar la batalla. No es el momento del diálogo, del mercadeo de privilegios económicos. Es el momento ante todo la batalla de las ideas, para poner de manifiesto las miserias del independentismo y sus aliados. Es el momento también de mostrar la firmeza de la ley y del estado de derecho, ante el desafío de aquellos que desprecian la legalidad y las normas de convivencia. Es el momento de recuperar las competencias que nunca se debían haber cedido. Es el momento de defender los valores de nuestros mayores, que nos hicieron llegar hasta aquí y que nos harán llegar aún más lejos. Ellos se lo merecen, pero sobre todo se lo merecen nuestros hijos. España es hoy sinónimo de libertad, y es eso lo que nos jugamos. Nuestra libertad y la de nuestros hijos. La libertad de los catalanes, la de los gallegos, la de los madrileños. La de los españoles todos.

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