La Sanidad se defiende. La pregunta es: ¿Cómo?

España cuenta con un buen sistema sanitario, y así lo perciben mayoritariamente los ciudadanos. Pero no está ni mucho menos exento de ineficiencias y problemas: mala gestión de los recursos públicos, usuarios poco conscientes del coste de la sanidad, importantes desigualdades entre regiones a nivel de cobertura y gasto por habitante.

Las ineficiencias del sistema debilitan seriamente el modelo de sanidad pública y universal, precisamente cuando este se enfrenta a grandes retos: i) una población que envejece rápidamente; ii) el encarecimiento de las terapias, tanto por la incorporación de nuevos tratamientos, como por la mayor prevalencia de las enfermedades crónicas. Y todo ello en el marco de fuertes restricciones presupuestarias.

Qveremos hacer sostenible el sistema sanitario: es necesario que todo cambie, para que lo fundamental, la buena atención sanitaria, gratuita y universal, no cambie. Esta es una tarea de todos: usuarios, profesionales sanitarios y autoridades públicas.

 

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“luces y sombras” P.W. para Qveremos

 

Un diagnóstico de la sanidad española

En España nos gastamos anualmente 100.000 millones de euros en sanidad, un 9,3% de nuestro PIB: El 75% es gasto público, y el 25% gasto privado. El gasto farmacéutico supera los 9.000 millones. Es, junto a pensiones y educación, la principal partida a la que se destinan nuestros impuestos.

Si tuviésemos que hacer un diagnóstico de la sanidad española descubriríamos un cuadro médico con luces y sombras:

En términos generales los resultados son buenos y el coste razonable: Contamos con un amplio nivel de cobertura, y los resultados clínicos están a niveles de los países más avanzados. Además el gasto sanitario sobre PIB es de los más bajos de Europa.

Sin embargo, la sostenibilidad no está asegurada, ya que hay importantes ineficiencias en el gasto:

  1. La utilización de los recursos en los hospitales públicos es muy mejorable:
  • No hay un control efectivo para el consumo racional de material quirúrgico y medicinas, o en el empleo de pruebas diagnósticas. Y, aunque ha mejorado, el absentismo laboral es muy superior en la sanidad pública vs. la privada.
  • La oferta no siempre se adecua a las necesidades reales: por ejemplo Castilla la Mancha cuenta con 23 hospitales (más 11 privados), en un despliegue importantísimo de medios, que no se corresponde a las necesidades de la población, y que encarece la factura sanitaria desproporcionadamente.
  • La gestión de recursos humanos no es buena: el sistema está excesivamente jerarquizado, sin premios claros a la calidad del trabajo y la productividad. No hay un política retributiva bien diseñada: Un profesional de la sanidad madrileña nos ponía el ejemplo de un hospital donde por la mañana te pagan por acudir, y por la tarde por procedimiento realizado: con los mismos cirujanos, quirófanos y anestesistas, por la mañanas se realizan 3 intervenciones y por la tarde 5.
  • La prueba del algodón de que hay mucho que mejorar en cómo se gestionan los hospitales públicos es que derivar un paciente para una misma intervención quirúrgica a la sanidad privada cuesta la mitad que realizar dicha intervención en la sanidad pública. Algo falla.
  1. Los usuarios no son conscientes del coste del sistema sanitario:
  • Acudimos al médico (principalmente atención primaria y urgencias) un 40% más que el resto de países de la UE.
  • El gasto farmacéutico es poco racional: El 70% de las recetas las solicitan el 20% de los usuarios, precisamente aquellos no pagan nada por ellas. Si se exige el copago del porcentaje del precio (como ocurre en el caso de determinados colectivos) el consumo cae un 40%. No es extraño, ya que se estima que más del 30% de las medicinas son luego empleadas por personas a las que no les corresponde la subvención del Estado.

Y el diagnóstico de sostenibilidad empeora el futuro: Si ahora ya contamos con limitados recursos económicos, cada vez estaremos en peor situación, ya que las perspectivas de gasto crecen de forma exponencial. Dos motivos para ello:

  1. En unos pocos años un 20% de la población española tendrá más de 65 años, y su peso dentro de la pirámide de población no dejará de aumentar: el gasto sanitario de las personas entre 65 y 79 cuadriplica el de las personas menores de 65. Entre los 80 y los 94 este gasto se multiplica por siete.
  1. La investigación médica facilita nuevas terapias, que incrementan la demanda de servicios sanitarios. En especial los enfermos crónicos se van incrementando de forma sustancial en la medida en que muchas enfermedades se logran estabilizar.

Aunque no es fácil de predecir, hay estudios que estiman que el gasto sanitario pueda llegar a duplicarse en el medio plazo, sino se realizan mejoras sustanciales de eficiencia. En dicho escenario, por desgracia, lo previsible es que el sector público sencillamente no pueda asumir el coste, y que los más débiles se vean abocados a peores prestaciones.

Pero no solo hay un problema de sostenibilidad: a día de hoy no todos los españoles gozan de los mismos servicios, debido al actual sistema que asigna las competencias sanitarias a las Comunidades Autónomas:

  • No hay un catálogo único de asistencia sanitaria, sino que cada Comunidad oferta o penaliza determinados servicios en función de criterios propios: ¿por qué una cadera de titanio sí es cubierta por una Comunidad y por otra no?
  • El gasto por habitante varía fuertemente: en el País Vasco alcanza 1.500 euros, cuando en Valencia se sitúa en torno a los 1.000 euros.
  • No se ponen al servicio del paciente todos los recursos del sistema: por ejemplo las listas de espera pueden variar de forma notable entre provincias limítrofes, siendo necesario seguir un procedimiento administrativo complejo para poder trasladar al paciente.

Trabajando por la salud del sistema

Los retos de la sanidad hay que afrontarlos de manera global, implicando a todos los actores involucrados, y dejando atrás disputas partidistas o la mera defensa de intereses privados.

Qveremos garantizar la salud del sistema a largo plazo. Proponemos aquí una serie de medidas para lograrlo:

1. Lograr ser más eficientes:

  • Implicar a los directores de los centros hospitalarios y a los profesionales de la medicina en: i) los resultados del centro ii) la organización de los servicios, y iii) el control del gasto. Es necesario promover un mayor alineamiento de intereses, midiendo el desempeño de los profesionales y de los centros, de forma que se puedan incentivar las buenas prácticas y la productividad.
  • Reforzar la atención preventiva, especialmente para enfermedades crónicas. Es una asignatura pendiente del sistema sanitario español, y que es clave desde el punto de vista sanitario y de sostenibilidad del sistema.
  • Introducir nuevas medidas para corresponsabilizar a los usuarios: Cada vez más en los países de nuestro entorno (y en España de forma tímida) se introducen medidas que tienden a concienciar a los usuarios del esfuerzo social que supone el mantenimiento de una sanidad de calidad. En España sería especialmente indicado para la atención primaria y de urgencias. Es necesario que los sistemas de co-pago planteados se adecuen a la situación económica o clínica de cada paciente: un enfermo crónico no “abusa” y por tanto no debe sufrir ningún “peaje”. En todo caso lo que nunca deben suponer estos sistemas es una barrera para el acceso a la sanidad. Los mismos criterios se puede aplicar al uso de medicamentos.
  • Involucrar más al sector privado: i) por medio del incentivo de los seguros médicos, como vía para descongestionar el sistema público; ii) no se debe cerrar la puerta a que determinados servicios, como por ejemplo la atención quirúrgica y hospitalaria, pueda ser prestada -de forma gratuita, a cargo del Estado, y con elevados controles de calidad- por la sanidad privada.

2. Asegurar la equidad y la calidad: introducir un catálogo único de oferta asistencial para toda España,construido en base a criterios técnico-sanitarios, y con protocolos comunes. Así como controlar y garantizar la prestación de dichos servicios de forma homogénea.

Para asegurar esto es necesario replantear el reparto competencial: No parece que tenga sentido, ni resulte justo, que el sistema sanitario esté troceado por autonomías. Estas deben jugar un rol relevante en la asistencia sanitaria, pero en último término han de ser los organismos de gobierno de la nación los que establezcan el marco común de funcionamiento de la sanidad y dirijan la política sanitaria.

3. Sí a una verdadera universalidad de la sanidad:Sí a la cobertura de los inmigrantes, con las prevenciones necesarias para evitar el denominado “turismo sanitario”, y no a las limitaciones existentes a colectivos como parados de larga duración o personas que no cotizan a la seguridad social.

QVEREMOS una sanidad de máxima calidad para todas las personas. Lograrlo está en nuestra mano, pero para ello es necesario que nos alejemos de políticas populistas, y dejemos atrás la defensa cerril de los propios intereses.

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