La eutanasia, síntoma de una sociedad enferma

La eutanasia, síntoma de una sociedad enferma

  • Posted by Qveremos
  • On 4th julio 2018
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  • Cuidados Paliativos, dignidad persona, eutanasia, Eutanasia en menores

El Congreso aprobó a finales de junio la propuesta del PSOE que inicia los trámites para la aprobación la eutanasia como un nuevo derecho, convertido en prestación pública por parte de los servicios del Sistema Nacional de Salud. La propuesta socialista cuenta con el respaldo de Ciudadanos, Podemos, ERC, PNV, PDeCAT, Compromís y EH Bildu.

La eutanasia no es algo nuevo en nuestro entorno: los países que la impulsaron primero – Bélgica u Holanda- como algo excepcional, la experimentan ahora en toda su crudeza: se aplica la eutanasia a niños, los achaques “propios de la edad” son ya causa para solicitar la eutanasia, muchos ancianos son puestos entre la espada y la pared para que soliciten la eutanasia y evitar así ser una carga para su familia o el Estado. En Holanda un 4,5% de las muertes se producen por eutanasia, y este porcentaje no deja de crecer.

La eutanasia es un drama humano al que recurren personas sin esperanza, sin ganas de vivir, a las que muchas veces la sociedad ha dado la espalda. Es un fracaso colectivo. Y no se trata de facilitar una “salida rápida”, como si quisiéramos que estas personas no nos molestasen, y ahorrarnos así la factura de su cuidado y su pensión. Lo que debemos hacer como sociedad es asumir el reto de poner en marcha medidas que palien el sufrimiento y permitan que los pacientes se sientan acompañados en el dolor. La eutanasia no es más que el síntoma de una sociedad enferma, donde el valor de la vida ha perdido su sentido.

Consecuencias de la eutanasia en los países de nuestro entorno

La normativa que ahora comenzará a debatirse en España no es nueva en otros países. Por ejemplo, países como Bélgica y Holanda, o estados como el de Oregón en EEUU, cuentan desde hace años con leyes similares.

Lo que en un principio eran leyes “progresistas”, que “garantizaban derechos”, o que aseguraban la toma de decisiones “en libertad”, son cada vez más leyes coercitivas, que condicionan la relación entre médico y paciente y que hacen aumentar de forma constante el número de personas que fallecen por la aplicación de la eutanasia, muchas veces en condiciones muy dudosas:

• La lista de pacientes susceptibles de ser candidatos para la eutanasia es enorme, y se convierte en un coladero para eliminar a todo aquel cuya vida no se considera suficientemente digna: lo que inicialmente son pacientes con graves enfermedades incurables, pasan a ser también enfermos mentales, personas con trastornos de adicción, depresiones, casos de soledad, e incluso con desengaños amorosos. Y por supuesto ancianos, que no se valen por sí mismos, que son dependientes, o que simplemente no tienen esperanza. Todos ellos son destinatarios potenciales de la eutanasia.

• Despenalización de la eutanasia en menores: realidad en Holanda o en Bélgica, en este caso sin límite de edad. Lo cual lleva a situaciones tan absurdas como que un niño o un adolescente no puedan conducir o no puedan consumir alcohol, pero si puedan solicitar su propia muerte: el Estado no les considera maduros para tomar una copa de vino, pero sí para elegir su propia e irreversible muerte.

• Presión para “no ser una carga”: En el subconsciente colectivo se va instalando la idea de que hay dos tipos de personas: i) aquellos que aceptan que se les aplique la eutanasia: serían los que tienen en cuenta a los demás, los que son conscientes del “sufrimiento” que causan a su alrededor, y que incluso son responsables porque se saben una carga económica para el Estado. ii) Y, por otro lado, los egoístas, los que quieren vivir a toda costa, los que quieren ser cuidados por otros, los que no son conscientes de la carga que suponen a los demás y al Estado.

Y hay que tener los efectos secundarios de la eutanasia en la sociedad:

Se banaliza el suicidio, ya que transmite un mensaje equívoco sobre su problemática: En España se registraron el pasado año más de 3.600 suicidios. Es un problema creciente en España, y que supone ya más del triple de las 1.200 muertes en accidente de tráfico que se registraron el año pasado en España.

• Repercute negativamente en los cuidados paliativos, que son desplazados del sistema: La Asociación Europea de Cuidados Paliativos ha criticado duramente el modelo de cuidados paliativos utilizado en Bélgica y Holanda. Los médicos de cuidados paliativos con más experiencia insisten en que pueden ayudar a sobrellevar el dolor y el sufrimiento de sus pacientes sin eutanasia.

• Genera un conflicto con el código deontológico de los profesionales de la salud, y cambia radicalmente la relación médico-paciente: Así el Código de Ética y Deontología Médica aprobado por la Organización Médica Colegial de España establece que los médicos no darán “droga letal a nadie”, es decir, que no actuarán conscientemente con el objetivo de causar la muerte a nadie.

• Abre la puerta a la posibilidad de que algunas personas puedan morir por un diagnóstico o pronóstico equivocado: a muchas personas les han dicho que morirían en un tiempo muy corto, y luego vivieron mucho más, e incluso se curaron. Sin embargo, con la eutanasia el resultado siempre es definitivo, no hay segundas oportunidades.

• La eutanasia y el suicidio asistido no garantizan una muerte digna, tal y como ponen de manifiesto los datos de aquellos lugares en los que la eutanasia es legal: Así, estudios en Oregón, Holanda y Bélgica reportan complicaciones imprevistas a la hora de administrar la eutanasia y el suicidio asistido: alrededor del 10% de los casos de eutanasia y cerca del 30% en los de suicidio asistido han presentado estos problemas, que suelen estar relacionados con convulsiones, ataques, vómitos, despertar del coma, etc.

La eutanasia acaba con uno de los principios fundacionales de nuestra sociedad: cualquier vida es digna por el hecho de serlo, y no por las condiciones en las que se viva. Eliminado este principio se elimina el concepto de solidaridad con las personas más desvalidas, a las que se considera una carga. El cariño y el acompañamiento familiar pierden su sentido. Y al hombre se le despoja de algo más importante que su propia vida: su dignidad.

Una vida digna, un final digno

Como de forma muy acertada proponía Lourdes Méndez, presidenta de la Fundación Familia y Dignidad Humana en un artículo para Qveremos (http://qveremos.com/pendiente-eutanasia/), “frente a la cultura de la muerte, los cuidados paliativos, se muestran como la única repuesta ética posible”.

Y en base a ello, proponemos el lanzamiento de Plan Nacional de Cuidados Paliativos, que englobe las siguientes medidas:

1. Creación de centros especializados en Cuidados Paliativos, de tipo público y privado/ concertado, en colaboración con ONG’s y Entidades Religiosas, adaptados a las particulares circunstancias médicas y vitales de los enfermos terminales, ya que los hospitales actualmente están pensados para sanar a los pacientes, pero no para ayudarles a morir. Dichos centros deben tener disponibles medios de apoyo psicológico y espiritual para los enfermos y sus familias.
2. Establecimiento de una nueva especialidad de Cuidados Paliativos y Enfermos Terminales en el Catálogo de Especialidades médicas en España, ya que el personal sanitario no suele tener el tiempo ni formación adecuada para enfrentarse con los problemas médicos y emocionales que plantea este tipo de pacientes.
3. Aumento del presupuesto y recursos para la atención sanitaria domiciliaria, de modo que muchos pacientes terminales puedan recorrer su última etapa vital en su propio hogar, rodeados de sus familiares y amigos.
4. Inclusión de ayudas fiscales en las declaraciones de la renta de aquellas personas que tuvieran que hacer frente a gastos sanitarios o domiciliarios destinados a personas en fase terminal, ayudando a una mejor atención a dichas personas al facilitar el acompañamiento familiar y la incorporación de profesionales (de enfermería o fisioterapia, entre otros).

Qveremos hacer una apuesta decidida por la protección real y efectiva del derecho a la vida, cuidando de todas las personas desde su concepción hasta su muerte natural. Qveremos sentirnos orgullosos de un país que cuida a sus enfermos y que acompaña a sus ancianos en la última etapa de su vida, ayudándoles a tener una vida digna hasta el último momento. Ésta debe ser la prioridad de la sociedad en su conjunto y de cualquier gobierno.

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