COVID-19: LAS MENTIRAS DEL RELATO SOCIALISTA

COVID-19: LAS MENTIRAS DEL RELATO SOCIALISTA

  • Posted by Qveremos
  • On 8th abril 2020
  • 2 Comments
  • Covid-19, Gestión Coronavirus, Pedro Sánchez

La izquierda ha sido siempre maestra en el manejo del relato: ese dominio se manifiesta ante todo en la forma de presentar los hechos, de forma que la conclusión sea siempre “la correcta”. Sobre la pandemia del coronavirus, la izquierda está generando un relato en esta línea, de modo que las críticas posteriores puedan ser sólo de matiz sobre unos hechos predefinidos por ella.

Así, por ejemplo, si se acepta que la pandemia era imprevisible, la crítica sólo podrá referirse a la actuación posterior del Gobierno, e incluso en ese caso queda disminuida por enfrentarse a un evento sorpresivo. Sin embargo, si se demuestra que la llegada del coronavirus a España era previsible, la crítica abarca toda la (falta de) preparación del Gobierno, y agrava su gestión posterior ante unos hechos que se podían y debían haber afrontado de otra forma.

Por eso, en este artículo iremos enumerando todas las mentiras, omisiones y medias verdades del Gobierno sobre el coronavirus y su gestión. Es necesario hacerlo ahora, porque estas mentiras están encubriendo la responsabilidad del Gobierno en la muerte de miles de españoles -en una proporción frente a su población no vista en ningún otro país- y la ruina de millones de familias, autónomos y empresas. 

Foto ElPeriodico (David Castro)

 

“UNA PANDEMIA QUE NO SE PODÍA PREVER”. CRONOLOGÍA ANTERIOR AL ESTADO DE ALARMA

 

Uno de los argumentos del Gobierno es que la pandemia y su llegada a España eran imprevisibles. De este modo, el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, que declaró el estado de alarma en todo el territorio nacional, sería una reacción adecuada e inmediata a una amenaza repentina.

Pero no es cierto. La verdad es que existían indicios desde mucho antes, y cada vez más cerca, pruebas, de que la amenaza sobre España era ya una realidad y de que había que actuar cuanto antes:

  • 24 de enero: el jefe del servicio de prevención de riesgos laborales de la Policía Nacional, José Antonio Nieto González, elevó un informe interno pidiendo a los agentes del cuerpo que extremaran las medidas de protección ante el hallazgo de una nueva enfermedad llamada «nuevo coronavirus». Fue cesado, inexplicablemente dada su amplia experiencia en este campo, la segunda semana de marzo, en el momento de máximo apogeo de la crisis.
  • 30 de enero:
    • Juan Martínez Hernández, experto en salud pública de la Organización Médica Colegial, dice contundentemente que “en nuestro caso tiene su epicentro el 30 de enero, en una reunión en el Ministerio de Sanidad, en la que varios técnicos –no sólo el que ustedes piensan– sostuvieron, en contra de mi opinión, que el nuevo coronavirus es un agente del grupo 2. Yo mantengo que es un agente del grupo 4. Y ahí radica todo. Esa es la clave de toda la mala gestión posterior.”
    • El mismo día, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional por el coronavirus. La gestión de esa alerta es competencia del Ministerio de Sanidad, según el artículo b de la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública.
  • 28 de febrero: la OMS eleva la alerta por el coronavirus a nivel “muy alto” en todo el mundo.
  • 2 de marzo: el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades alertó de la necesidad de considerar la cancelación de las concentraciones masivas.

Sin embargo, el Gobierno tenía otras prioridades:

  • 12 de febrero: ante la cancelación del Mobile World Congress de Barcelona (MWC), el ministro de Sanidad, Salvador Illa, afirmó que no había “ninguna razón de salud pública para adoptar medida alguna respecto a cualquier evento previsto en Barcelona, Cataluña o España”, mientras que la vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, pidió no caer en “alarmismo psicológico”. La primera empresa en cancelar su asistencia fue la empresa surcoreana LG. Resulta que Corea del Sur es precisamente el mejor ejemplo sobre cómo anticiparse al coronavirus y abordar de forma eficaz la pandemia.
  • 8 de marzo: el PSOE y Podemos, rivalizando por liderar el movimiento feminista, encabezan las manifestaciones del 8 de marzo y animan insistentemente a la población a participar en las mismas. En palabras de la vicepresidenta primera Carmen Calvo, “les iba la vida en ello”. Desde luego. Los miembros del Gobierno que ocuparon la cabecera de la marcha feminista del 8-M, fueron alertados de la necesidad de mantener las distancias y evitar el contacto físico.

Por el contrario, en Madrid, epicentro del coronavirus en España, la presidenta Isabel Díaz Ayuso pedía medidas contundentes, pero sus demandas caían en saco roto. Así, ante la falta de actuación por el Gobierno, la Comunidad de Madrid adoptó medidas dentro de sus competencias:

  • 6 de marzo: cierre de los centros de mayores.
  • 9 de marzo: cierre de colegios y universidades.

 

Ahondando en el error, el Gobierno permitió la expansión del virus por toda la geografía:

  • No impidió que los colegios mayores decidieran cerrar, lo que provocó el éxodo de estudiantes y la vuelta a sus lugares de origen.
  • Anunció el viernes a la hora de comer que el sábado declararía el Estado de Alarma, facilitando que muchos madrileños decidieran irse a “pasar la cuarentena” a otros lugares de España

Como señala Oriol Mitjà, infectólogo, “ha habido falta de anticipación e incapacidad para hacer previsiones y predicciones epidemiológicas de una epidemia evitable. El no evitarla ha conllevado unas consecuencias en la salud pública y esa, en términos médicos, es la definición de negligencia.”

De lo anterior resulta que ni la llegada del virus a España era imprevisible ni que su expansión fuera inevitable. Si llegó como llegó y se expandió como se expandió fue, en gran parte, por la inactividad del Gobierno y por su desdén ante el nivel de peligro que suponía. Así lo llega a poner de claro Bloomberg, cuando afirma con toda claridad que “la tragedia de España era perfectamente previsible” y que el Presidente del Gobierno “vaciló antes de adoptar medidas de confinamiento que habrían salvado miles de vidas”.

Todo esto, hasta la declaración del estado de alarma.

 

FALTA DE MEDIOS

Una de las cuestiones más graves en la gestión de la pandemia es la falta de medios adecuados para frenar la pandemia: no hay tests (fundamentales en la exitosa estrategia surcoreana), no hay equipos de protección individual (EPI) para el personal sanitario ni otros que ejercen funciones esenciales, y no hay ventiladores mecánicos.

 

  1. Los test: Pedro Sánchez anunció el 21 de marzo que se habían adquirido 640.000 test en China, diciendo textualmente que se trataba de “test fiables, homologados, y esto es muy importante: la homologación. Es muy importante porque deben contar con todas las garantías sanitarias
    1. Con una sensibilidad del 30%, cuando era necesaria una de al menos el 80%, hacía los test por completo inservibles, como se descubrió apenas llegaron.
    2. Ante esta mentira (no un mero fallo: los test no estaban homologados), el Gobierno primero indicó que sólo habían llegado 8.000 y que se devolverían, para después reconocer que tendría que devolver en realidad 58.000.
    3. Pero esta mentira va más allá: resulta que los test se compraron a una empresa sin licencia. El Ministerio de Comercio de China había ofrecido al Ministerio de Sanidad español una lista de proveedores clasificados, entre los que no estaba la empresa en cuestión. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad decidió comprar los test a una empresa sin licencia oficial de la Administración Nacional de Productos Médicos de China. Luego resultó que se habían comprado a través de un proveedor español… que el Gobierno no quiere identificar: la Directora General de Cartera y Farmacia, a una pregunta (debidamente filtrada), se limitó a salirse por la tangente.
    4. Además, el Gobierno decidió comprar una segunda tanda de test a la misma empresa. El resultado era predecible: la segunda tanda de test tampoco era fiable: sólo tienen una sensibilidad inferior al 50%. Así, más de dos meses después del primer caso de coronavirus en España (31 de enero) el Gobierno sigue sin disponer de test para ampliar el conocimiento sobre la enfermedad. Una semana después de que los profesionales sanitarios comenzase a advertir de la falta de fiabilidad de esos test, quedaba confirmado su aviso.
    5. Todo esto, además, no sería tan esperpéntico si no resultase que España compra en el muy poco fiable mercado chino test que se producen también aquí, pero que se estuvieron exportando hasta el 15 de marzo.

 

  1. EPI y más material y equipos: El 3 de marzo, la OMS alertó de que la falta de material sanitario (mascarillas, guantes, batas, gafas, etc.) ponía en riesgo al personal sanitario. ¿Qué dijo entonces el Gobierno? Según un artículo del diario el País del 4 de marzo: “Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, ha explicado que España está preparando compras centralizadas con los socios de la Unión Europea. “Se viene trabajando en ella desde hace un mes y estará disponible próximamente”, ha asegurado. Simón ha admitido que han llegado a Sanidad notificaciones de escasez en “algunas unidades”, pero que no es una situación generalizada. “Estaríamos en riesgo de desabastecimiento si no conseguimos cerrar las compras en un plazo razonable, por eso se está gestionando”
    1. Es decir, hace casi un mes el Gobierno anunció que los equipos de protección para el personal sanitario estarían próximos “próximamente”. Sin embargo, ni cuando la epidemia comenzó a extenderse ni después esta deficiencia se cubría. Estos equipos siguen sin llegar. El resultado: miles de profesionales sanitarios contagiados y algunos muertos por coronavirus, entre ellos incluso una médico de tan sólo 28 años.
    2. Así, el material que está llegando no procede del Gobierno, sino que las Comunidades Autónomas han tenido que actuar solas para intentar paliar sus carencias, o estas son incluso paliadas por el sector privado o por donaciones. Por ejemplo, Amancio Ortega ha donado 63 millones de euros en material. Las fábricas de coches ahora hacen respiradores, las impresoras 3D fabrican viseras y la industria textil ahora confecciona batas sanitarias.
    3. De hecho, la ineptitud del Gobierno no se resuelve a medida que avanza la crisis: hemos visto como aterrizan aviones con menos del 20% de la carga posible por una calamitosa gestión de los envíos.
    4. Ante esta inaceptable situación, el Gobierno ha acudido al bazar chino, con los resultados previsibles: falta de fiabilidad. Así, va a enviar a los sanitarios a la primera línea de frente sin EPI o con EPI no homologados.

 

  1. Falta de preparación y estrategia: A los defectos “materiales” debe sumarse la falta absoluta de estrategia para combatir el virus.
    1. Un ministerio sin capacidades operativas y un ministro inexperto: el Gobierno pretendió primero centralizar la gestión en el Ministerio de Sanidad. El problema radica en que la sanidad es una competencia asumida por las Comunidades Autónomas desde hace tiempo, por lo que el Ministerio es más una cáscara vacía (Podemos dixit). Hasta tal punto es un ministerio de poco peso que el PSOE se lo ofreció desde el principio a Podemos, pero estos lo rechazaron; de modo que Pedro Sánchez, en deuda política con el PSC de Iceta, colocó como ministro a Salvador Illa, que es licenciado en filosofía y lleva dedicado a la política toda su vida.
    2. No se definieron con antelación los colectivos de riesgo, con el resultado por todos conocido de los fallecimientos de mayores. Todas las medidas restrictivas iniciales para proteger a los ancianos fueron adoptadas por las propias residencias o empresas que las gestionan, restringiendo las visitas y fijando directrices para las que sí se admitiesen. Eso sin contar con los ancianos que no viven en residencias, para quienes no se elaboró ningún protocolo.

 

CIFRAS OFICIALES FALSAS

Existen dudas de que las cifras que se facilitan por el Gobierno sobre los fallecidos sean veraces. El presidente de la Asociación de Servicios Funerarios, Juan Antonio Alguacil, intentó contarlo en televisión, pero fue censurado por la presentadora de forma contundente. Más tarde ha afirmado que los fallecidos son hasta un 40% más de lo que dice el ministerio de Sanidad: el 1 de abril de 2020 la cifra oficial en Madrid era de 3.603 fallecidos, mientras que la Asociación de Servicios Funerarios contabilizaba 5.850; en Aragón la cifra oficial era de 138, mientras que ellos contabilizaban 195. Esto se debe a que la falta de test determina que no haya pruebas diagnósticas que acrediten que el fallecimiento ha sido causado por el coronavirus. Así, el Gobierno se hace trampas al solitario: negando la práctica de los test logra que el número de fallecidos se reduzca y así, también el efecto que su ineficacia tiene sobre las muertes de los ciudadanos. De hecho, es posible que no se estén contabilizando hasta la mitad de los muertos por el coronavirus.

Hasta tal punto llega la magnitud de la mentira que el Tribunal Superior de Justicia (“TSJ”) de Castilla la Mancha ha intervenido en el asunto y pedido a los jueces de primera instancia y los institutos de medicina forense (que llevan el Registro Civil) que procuren determinar con precisión las causas de los fallecimientos. Según el Gobierno, todo se debe sólo a “un error informático”. Un error informático que oculta nada menos que 956 muertos al escribir estas líneas y que sirve para maquillar las cifras del Gobierno. Sin embargo, parece que están decididos a que el efecto de ese “error informático se mantenga”, pues el Gobierno pretende mantener un sistema que reduzca el número de fallecidos por coronavirus por el simple expediente de no practicar test ni autopsias. La ley del silencio.

Lo mismo sucede con el número de infectados. Ante la ausencia de test masivos (que permitirían además que los ciudadanos sanos no tuvieran que guardar confinamiento, con todo lo que eso supondría), el número de infectados es artificialmente bajo. Véase como ejemplo el de la familia de Valladolid de 13 miembros que ha salido en numerosas noticias estos días y a la que únicamente se hizo el test a la madre (dando positivo), a pesar de que los restantes doce presentan síntomas evidentes de padecer la enfermedad.

 

Pedro Sánchez dijo el día 13 de marzo que el 14 el Gobierno declararía el estado de alarma para responder “con la máxima agilidad y contundencia”. Sin embargo, la actuación de su Gobierno ha sido errática, incapaz y dispersa. Han dedicado sus esfuerzos a pugnas políticas y a encubrir sus ineficiencias e ineptitudes con el fin de elaborar un relato político que les salve de la quema. No lo merecen.

 

Dado que las mentiras e ineficiencias del Gobierno son continuas, también este será un artículo en permanente actualización. Si los lectores detectan alguna mentira que se nos haya pasado por alto, naturalmente agradeceremos que nos la señale para poder incluirla.

 

 

2 Comentarios

Elena
Gracias!!
Manuel Zayas Arancibia
¿Qué hace la oposición ante tales evidencias?

Responder a Elena Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *