
Autonomías no autónomas
- Posted by Qveremos
- On 4th diciembre 2020
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Podría parecer chocante escuchar a separatistas catalanes, podemitas y socialistas quejarse de la autonomía fiscal que concede nuestro ordenamiento jurídico a las autonomías. Los grandes defensores de las comunidades autónomas, que las justificaban porque permitían desarrollar las “idiosincrasia” propia de cada comunidad y el autogobierno, no están contentos con las diferencias que provoca el estado autonómico.
Podría resultar sorprendente que aquellos que hacen gala de ser diferentes y exigen poder ser diferentes a través de un autogobierno les moleste que otros no hagan lo que hacen ellos y se diferencien de ellos.
Sin embargo, quizás no es ni tan sorprendente ni tan chocante. Si repasamos la historia del separatismo catalán (CiU y ERC) es la historia de un complejo ante España, sobre todo ante Madrid. El separatismo catalán no sólo dice querer ser independiente, necesita poder demostrar que España – que Madrid – es peor. De ahí la permanente comparación con Madrid y el recurso al “Madrid nos roba”. Por eso no extraña que al separatismo catalán le moleste que el estado de las autonomías permita que Madrid haga una política distinta y menos lesiva para sus ciudadanos que la que aplica la Generalidad. Eso, no lo pueden soportar. A ellos les hubiera gustado el diseño inicial en que la autonomía sólo se concedía a las regiones “históricas” (Vascongadas, Cataluña y Galicia) de tal manera que los “distintos” hubieran sido sólo ellos.
Lo mismo pasa con la izquierda podemita y socialista, ellos aceptan el estado de las autonomías porque es un instrumento útil para destruir la unidad de España y servir a los intereses del separatismo catalán y vasco. Sin embargo, en su adn marxista llevan grabado a fuego la centralización y la concentración de poder en el Estado que iguala todo – ciudadanos, provincias y regiones – y donde no existe contrapoder territorial al Estado central. Ese adn les lleva necesariamente a rechazar los efectos diferenciadores del estado autonómico.
En el fondo de este debate está un diseño de España que separatistas e izquierda, podemita y socialista, comparten. ¿Cuál? El que ya se intentó en tiempos de la República y la Guerra Civil: una península Ibérica formada por dos o tres repúblicas (Euskadi, Cataluña, ¿Galicia?) y en una república española, sin autonomías, con el resto del territorio. Ese proyecto vuelve a estar en el candelero. Así que no es de extrañar que empecemos a oír discursos pidiendo autonomías menos autónomas salvo que nos refiramos a Cataluña o Vascongadas.
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